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¿Emily en… la moda?

¡Atención! Se estrena la quinta temporada de “Emily en París”, y aprovechamos para analizar esta serie que es todo un disfrute para quienes aman la moda.

La serie “Emily en París” es una comedia romántica que nos trajo un entretenimiento agradable en pleno año de pandemia.

Partiendo de la premisa de una americana en París y todos los enredos que esto pueda producir, nos muestra un escaparate de moda, digno de pararse a contemplarlo.

Tras cuatro temporadas, relaciones sentimentales a parte (ese análisis más que para un artículo, daría para una novela), nos encontramos con numerosas cuestiones que han hecho que la serie resulte amada y odiada a partes iguales: los clichés culturales, las referencias audiovisuales y la fuerte presencia de los estilismos de la protagonista y su entorno, que coquetea constantemente con el mundo de la moda en su ya eterna e indiscutible capital.

Es ese tipo de contenido audiovisual aspiracional, ya que, a riesgo de resultar poco realista, nos hace soñar con paisajes instagrameables, locales inalcanzables, e incluso estilismos imposibles, encontramos el placer culpable de pararnos a mirar tanto derroche visual, en línea con antecesoras series míticas como “Sexo en Nueva York”.

No en vano, la propia estilista de las archiconocidas cuatro amigas de la Gran Manzana, Patricia Field, responsable también entre otros del vestuario de la película “El diablo viste de Prada”, actuó como asesora en las dos primeras temporadas de nuestra Emily, para ceder definitivamente el control a su colega Marylin Fitoussi, que ya venía diseñando el vestuario de la serie, con su ayuda.

Durante las distintas temporadas, observamos que, mientras cada personaje mantiene su estilo para quedar bien definido y así se utiliza el vestuario como una herramienta que refuerza la narrativa, la protagonista va sufriendo una evolución acorde a las distintas etapas que le toca vivir.

 

Llega a París como una americana súper fashionista, intentando encajar gracias a looks muy juveniles y coloridos, y aunque mantiene esta premisa, la va suavizando con toques cada vez más cercanos al sencillo y conocido chic parisino, a la par que ella se va adaptando a su nueva vida.

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Vemos toda clase de colores, marcas, prendas y complementos. Fitoussi apunta que su objetivo era ofrecer una gran muestra de moda internacional, intentando mostrar también creaciones de diseñadores emergentes.

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La serie nos muestra todo un escaparate con looks, desde la working girl de oficina hasta la socialité de fiesta enfundada en alta costura, pasando por outfits más sencillos, porque no olvidemos que, en una producción de este tipo, nada se deja al azar, hasta el pijama de cada pequeña escena tiene una razón de ser y ha sido elegido con alguna intención.

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Por último, pero no menos importante, la carga de referencias cinematográficas es tremenda. No sólo vemos el fashionismo y derroche de “Sexo en Nueva York”, sino también tenemos guiños a actrices y looks maravillosos del siglo XX por todas partes.

 

Aunque sin lugar a dudas, la ganadora no podía ser otra: Audrey Hepburn, la encarnación de la delicadeza y la elegancia está muy presente en varios momentos de la trama, ayudado sin duda por el curioso parecido físico de la actriz Lily Collins.

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Hemos visto referencias a la película “Funny Face”, a “Charada”, e incluso en la cuarta temporada a “My Fair Lady”, con el llamativo vestido de rayas, que también evoca el famoso “Baile en Blanco y Negro” del escritor Truman Capote…

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Pero sin duda es en esa cuarta temporada cuando se explota al máximo este recurso, con el traslado de la trama a Italia. Casi cada look parece sacado de la película “Vacaciones en Roma” para deleite final de los admiradores de Audrey, mezclado con el estilo mediterráneo que nos puede referir a actrices más llamativas, como Brigitte Bardot o Sofía Loren entre otras.

 

En fin, ¿qué nos deparará la quinta temporada? Sin duda seguiremos deleitándonos con la moda, que parece que en esta ocasión se ha dividido entre Francia e Italia, como así hemos podido ver en algunos avances del rodaje durante la pasada primavera.

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¿Hasta cuántas temporadas estarán dispuestos a rizar el rizo? ¿Será la quinta la última?

Si bien las plataformas actuales de televisión nos permiten no esperar de una semana a otra para saber qué ocurrirá en el próximo capítulo, y hasta deleitarnos repetidamente revisionanando nuestras producciones favoritas, se hace duro esperar, de año en año, para saber qué hay de nuevo con los personajes que nos gustan.

Aun así, estaremos aquí esperando, para que cada episodio nos permita disfrutar de su estética y su entretenimiento cómodamente desde nuestros sofás mientras, por qué no, aprendemos un poco sobre moda.

Marta Álvarez.