Durante años nos han hecho creer que el rosa no era cosa de hombres. Que era un color femenino
y que ellos debían vestir de azul, gris o negro. Pero la realidad es mucho más sorprendente.
Henry Ingram, séptimo vizconde de Irvine (1691-1761) y su esposa Anne Scarborough (1699–1766)
Históricamente, el rosa ha sido considerado un color puramente masculino. La asociación actual del rosa con las mujeres y el azul con los hombres es una invención muy reciente del marketing del siglo XX. Durante cientos de años, las reglas de la moda funcionaban de una manera totalmente opuesta a la que conocemos hoy.
El rosa se consideraba simplemente un rojo atenuado o de menor intensidad. Dado que el rojo era el color de la guerra, la sangre, los ejércitos y el poder, el rosa heredaba esa fuerte connotación de virilidad y determinación.
Durante el Renacimiento y el Barroco, los hombres de la alta sociedad y los príncipes vestían trajes rosados para denotar estatus social y poderío dinástico.
El azul celeste se vinculaba tradicionalmente con la Virgen María, simbolizando pureza, delicadeza y suavidad, cualidades que la sociedad de la época atribuía a lo femenino.
Incluso a principios del siglo pasado, las revistas de moda infantil seguían manteniendo esta regla. Una publicación de la revista estadounidense The Sunday Sentinel en 1914 aconsejaba usar el rosa para los niños por ser un color más decidido y fuerte. De igual manera, el famoso Ladies’ Home Journal en 1918 estipulaba que la norma aceptada era el rosa para el varón y el azul para la niña.
El vuelco definitivo ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial debido a estrategias de marketing de las grandes marcas de ropa y tiendas departamentales de Estados Unidos, que decidieron fijar de manera arbitraria el rosa para las mujeres y el azul para los hombres para poder vender colecciones de ropa completamente diferenciadas. Desde entonces el rosa se instauró como el color de niñas y mujeres y el azul como el de hombres y niños.
Hoy en día, el uso del color rosa ha dejado de tener barreras de género estrictas, regresando con fuerza al armario masculino en camisas, trajes y ropa deportiva.
La moda actual nos invita a cuestionar las etiquetas. Los colores no tienen género. Son una herramienta
de expresión, creatividad y estilo.
Como futuros profesionales de la moda es importante recordar que muchas reglas que parecen inamovibles
son simplemente construcciones culturales o estrategias de ventas que cambian con el tiempo.
Porque, al final, el rosa no es de hombres ni de mujeres. El rosa es de quien decide llevarlo.
Encarna Jiménez Torres.